
Finca Buenavista son 12.000 metros cuadrados de jardín a las afueras de Murcia y más de veinte años de eventos. La cocina la firma Pablo González, chef con dos estrellas Michelin. Con esos mimbres el problema no era qué contar, sino que una boda no se compra mirando fotos: se compra cuando alguien se imagina dentro y encuentra libre su fecha.
Pero la cosa no quedaba ahí. Porque el mismo sitio que tiene que emocionar a una pareja es el principal canal de captación de la finca, y las fechas son un recurso escaso: cada consulta que llega sin fecha ni número de comensales es una ida y vuelta de correos antes de saber si el evento es viable. Había que enamorar y cualificar en la misma pantalla.
El recorrido se diseñó como se enseña una casa: del jardín a la carpa y de la carpa a la mesa, con la gastronomía en parada propia porque tener a Pablo al mando es argumento de venta, no un detalle de ficha técnica. Los textos van en el tono de la casa, que es el de quien lleva veinte años en esto y ya no necesita ponerse solemne.
Y al final del recorrido, la conversión. El formulario no pide «nombre y consulta»: pide tipo de evento, número de comensales y fecha, de modo que cada lead entra ya cualificado y el equipo contesta en un solo movimiento. WhatsApp como vía corta para quien la prefiera, y un blog de bodas reales que alimenta el posicionamiento por las búsquedas largas con las que se planea una boda.
Finca Buenavista son 12.000 metros cuadrados de jardín a las afueras de Murcia y más de veinte años de eventos. La cocina la firma Pablo González, chef con dos estrellas Michelin. Con esos mimbres el problema no era qué contar, sino que una boda no se compra mirando fotos: se compra cuando alguien se imagina dentro y encuentra libre su fecha.
Pero la cosa no quedaba ahí. Porque el mismo sitio que tiene que emocionar a una pareja es el principal canal de captación de la finca, y las fechas son un recurso escaso: cada consulta que llega sin fecha ni número de comensales es una ida y vuelta de correos antes de saber si el evento es viable. Había que enamorar y cualificar en la misma pantalla.
El recorrido se diseñó como se enseña una casa: del jardín a la carpa y de la carpa a la mesa, con la gastronomía en parada propia porque tener a Pablo al mando es argumento de venta, no un detalle de ficha técnica. Los textos van en el tono de la casa, que es el de quien lleva veinte años en esto y ya no necesita ponerse solemne.
Y al final del recorrido, la conversión. El formulario no pide «nombre y consulta»: pide tipo de evento, número de comensales y fecha, de modo que cada lead entra ya cualificado y el equipo contesta en un solo movimiento. WhatsApp como vía corta para quien la prefiera, y un blog de bodas reales que alimenta el posicionamiento por las búsquedas largas con las que se planea una boda.